viernes, 28 de septiembre de 2007

El Recuerdo Que Jamás Fue Prohibido pt. I

Cuando aun tenia la habilidad de volar en la oscuridad mientras mi cuerpo yacía sin fuerzas en la cama, descubrí la subjetividad de la realidad en diminutas visiones que iban y venían, fugaces, como un espectáculo interminable que algunas veces blindaba mis sentidos. Cada noche al cerrar los ojos y sentir el cansancio aberrante que evidencia el fin de un día productivo, el limbo entre el consciente y el inconsciente domina los sucesos que acontecen en la realidad. Las creaciones de mi mente tienen lugar en lo que llamamos realidad. Mi cuerpo responde a los impulsos falsos que materialmente no tienen lugar. Luego de este limbo, no existe nada. No existe, no puede. Simplemente no pertenece. Son invenciones deliberadas y, muy humanas por cierto.Entonces, porque las consecuencias de los juegos de la imaginación han tenido, o tuvieron trascendencia en mi vida. Supongo que mi vida es real, y lo que invente o maquine mi cerebro no lo es. El recuerdo que jamás prohibí llegó de manera tan misteriosa, y se quedó en mi memoria para que estuviera presente siempre, y quizás incluso para que escribiera unas lineas sobre el.
Me observaba minuciosamente desde arriba, y su respiración estremecía mis tímpanos cada vez que se acercaba a mi rostro.No podía abrir los ojos, no quería mover el cuerpo. No quería arrancar.Tendida en la cama, esperaba que se fuera y me dejara en paz, llevando consigo ese frío seco que impregnaba la habitación en ese momento.No sentía miedo, solo aversión frente a la repulsiva actitud de " eso" que me espiaba con descaro. Inmóvil, sentía todo amplificado; exagerado. Las respuestas de mi cuerpo se traducían a constantes escalofríos que contraían mis músculos una y otra vez... espasmos intensos.
Sus manos como una sustancia etérea, se posaban repentinamente sobre mi cabeza, traspasando mi cráneo, hasta absorber mis pensamientos, y comienzan las visiones.
Una mujer se balancea, colgada del cuello con una cuerda.Las cuencas de sus ojos están vacías. Su alma está lejos de ti. Más cerca estaba de mi en ese momento. La mujer puede ver. Una mosca vuela al rededor de su brazo púrpura, y la espanta con la mano. Todo se sume en una profunda oscuridad.
Abro mis ojos nuevamente. Ya no está; se ha ido. Intento quitarme el pelo de la cara, pero algo resbala. La habitación tiene pequeños rayos de luz nuevamente. Recojo lo que ha caído.Es una fotografía: Es la mujer.

miércoles, 20 de junio de 2007

¿Identidad Latinoamericana en crisis, o inexistente?

El concepto lógico de “identidad”, es muy empleado en filosofía, para designar el carácter de todo aquello que permanece único e idéntico a sí mismo, pese a tener diferentes apariencias o pueda ser percibido de distinta forma. La identidad se contrapone, en cierto modo, a la variedad, y siempre supone un rasgo de permanencia e invariabilidad. En la historia de la filosofía, la afirmación de la identidad como uno de los rasgos del verdadero ser ha sido muy utilizada desde Parménides, que ya afirmó el carácter idéntico del ser. Por el contrario, otras posturas filosóficas han afirmado que es precisamente la posibilidad de variación y modificación (es decir, la ausencia de identidad) la que caracteriza el verdadero ser (tal es el caso de Heráclito y de las filosofías que admiten el cambio y el devenir como rasgos esenciales de la realidad).
A simple vista, puede percibirse el carácter universalizado del concepto "identidad cultural". Supone, por una parte, una función cuantitativa - respecto del número y variedad de individuos a los que unifica- y, por otra, una función disciplinaria -respecto del rol de las instituciones para producir y conservar discursos de identidad con las reglas de acceso a ellos y las posiciones relacionadas con el hacer y el representar de los individuos en las sociedades.La forma, tal vez, más evidente en que se muestra la identificación de los individuos con una cultura es en la aceptación de los valores éticos y morales que actúan como soportes y referentes para preservar el orden de la sociedad. Su aceptación y cumplimiento hacen más soportable las tareas que los individuos deben cumplir y, a la vez que conserva a los individuos en el grupo, limita la acción del indiferente y el peligro de los disidentes. En este sentido, se dice que los valores expresan la tensión entre el deseo (del individuo) y lo realizable (en lo social). Tal tensión es productiva mientras los individuos puedan representarse su propia existencia y darse una imagen estable y duradera de sí mismos, lo que es posible con una memoria atenta que actualice una vez más e integre de manera permanente los acontecimientos que fundan su propia identidad y los proyecte como orientación hacia acciones futuras responsables y creativas.Esta tensión es inmanente a todo imaginario social, ya que las tradiciones heredadas del pasado y las iniciativas de cambio del presente se expresan en ellos.
La estructura simbólica de la memoria social se encuentra representada en las ideologías. Estas son las que difunden los acontecimientos constitutivos de la identidad de las comunidades, de lo que se desprende su carácter preservante, legitimante e integrador."La función de la ideología -dice Paul Ricoeur- es la de servir como posta a la memoria colectiva con el fin de que el valor inaugural de los acontecimientos fundadores se convierta en objeto de la creencia de todo el grupo"La ideología tiene como antítesis la utopía cuya naturaleza denuncia el carácter distorsionado y encubridor de las ideologías triunfantes. "Es la expresión de todas las potencialidades de un grupo que se encuentra reprimido por un orden existente; es un ejercicio de la imaginación para pensar de otra manera la manera de ser del ser social".No es casual que se las interprete, muy livianamente por cierto, como generadoras de desorden, de sin-sentido y de pérdida de credibilidad en lo fundacional.
El resultado es un ataque deliberado a la diversidad, el silenciamiento de los discursos diferentes con la enunciación ideológica de conceptos pseudo universales para legitimarse como autoridad, domesticando el recuerdo, creando estereotipos si faltaran y justificando el accionar de la autoridad como garantía de permanencia y continuidad de los valores. Ante la eventualidad de la pérdida del sentido del actuar, la eficacia de la retórica de la ideología es abrumadora porque, como dice Ricoeur, si una sociedad no puede mantenerse sin normas, tampoco puede hacerlo sin un discurso público persuasivo que codifique toda realidad.Aun siendo tan diferente el accionar de una y otra, lo cierto es que la ideología y la utopía se complementan porque parten del mismo suelo referencial de la identidad cultural, realidad dinámica y no dogmática, por cierto.
Pero cuando una sociedad se enfrenta ante el desorden, la ineficacia e incomunicabilidad de los valores y la falta de horizonte al carecer de objetivos comunes, se hacen evidentes los síntomas de una crisis de identidad que se manifiesta en todas las instituciones de la cultura: las familiares, las laborales, las políticas, la estatal, las educativas, las religiosas, etc. , y la causa de esta crisis posee un estrecho vínculo con esa identidad latinoamericana que se enfrenta continuamente a los cambios de un constructivismo (o bien destructivismo) activo, donde los individuos que deberían componerla forjan sus principios en colectividades y pensamientos nimios de otros lugares del mundo (adoptando más la apariencia que la esencia), con preceptos ideológicos completamente ajenos a nuestras raíces: la raza menospreciada de tiempos remotos y distantes a la empresa colonizadora europea; refiriéndome específicamente a los aborígenes que gobernaron domando la hostilidad de nuestro amenazador relieve. Si no se es capaz de reconocer aquellas raíces que fundan la propia existencia de nuestra raza, resulta imposible reconocernos a nosotros mismos como parte de una sociedad marcada por la fusión cultural y racial que comenzó a desarrollarse en todas sus formas desde ese momento.

Así, hoy nos enfrentamos diariamente al pesimismo, al escepticismo de todas las generaciones que conviven en la actualidad y a la incomunicación existente entre ellas. Falta el discurso vinculante, falta el criterio unificador con que interpretar la realidad que evidencia el mestizaje, pero, por sobre todas las cosas, falta la voluntad social, comunitaria de hacerlo. Cualquier individuo es prescindible y, lo que es peor aun, como consecuencia de ello, no se sabe a qué grupo pertenece, y por esa razón necesita unirse a la minoría representante de sí mismo. Es por las abundantes minorías precisamente, que el consenso ideológico se construye y se destruye constantemente, esperando encontrar un camino que desemboque en la unificación moral, ética y social de cada ente de la cual se compone la sociedad latinoamericana.
Lo que pudo haber sido utopía para otros, hoy, sencillamente, resulta insoportable. Si la promesa de un tiempo de ocio era entendida como el derecho ganado por la dedicación laboral al progreso de la sociedad en beneficio de las generaciones venideras, hoy se ha convertido en tiempo de desocupación con las consecuencias que se enfrentan a diario: olas delictivas, inseguridad física, angustia ante un futuro y un presente inciertos. Asistimos entonces, a un momento sintomático para pensar las razones de la crisis y no para pensar una solución que cada individuo podría aportar para lograr así, hablar de un concepto de identidad acertado, desde un punto de vista ontológico concordante con nuestra realidad universal.


N. de A: es irrisorio, que con este ensayo consiga el primer lugar en un concurso interno. el saint john y las voladas. porke la tesis obtenida inductivamente habla de verdades que evadimos. que predicamos.
y no practicamos.

viernes, 30 de marzo de 2007

El Eterno Retorno

Aún hay cosas que divagan perdidas en mi mente, y que jamás me he preocupado de responder hasta esta noche, en la que hago una suerte de reminiscencia a través de las antiguas entradas llenas de recuerdos que como sostuve anteriormente, fueron vedados y censurados. Freud diría que sólo una parte de ellos permaneció en mi SUPERYO, y que lo que decidí hacer hace algún tiempo atrás, fue una especie de subliminación catártica de mi YO. Ahora, sin duda, me encuentro excenta de todo vínculo con aquellos pensamientos.
Me revelo ante Nietzsche, para interrogarlo por recurrir al olvidado Heráclito, con su mito del eterno retorno. A decir verdad, su paradoja incesante me confunde, y no puedo dejar de ocupar éste momento para encausar las ideas que dejó tan difusas en mi mente.

Primero que todo, existe en su razonamiento, una manera de interpretar los sucesos, que se basan en la premisa de que: una cosa sigue a la otra, y otra seguirá a la anterior, y así las cosas que irán quedando en el pasado se volverán completamente irrecuperables, por la simple razón de que éstas no serían iguales, es decir, estarían ocupando otro tiempo y espacio, por lo que el concepto de igualdad no encaja en éstas condicionantes.
Sin embargo, el eterno retorno indica lo contrario, y supone una de las tesis de Nietzsche, que "ROBA" de Heráclito. Entonces, en primera instancia ¿Por qué fue "Así habló Zaratustra" ("Thus spoke Zarathustra") y no "Así habló Heráclito"? En fin, eso no habría cambiado en nada de no haber sucedido unas cuantas veces. ¿No es cierto?

El eterno retorno consiste en aceptar que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente, entonces, se convertirán todos los hechos en situaciones recurrentes que sería de mejor modo explicar así:
- ¿Qué sucedería si la humanidad se viera frente a una II Guerra Mundial que sucede cada 30 años en forma casi cíclica?
-¿Qué ocurriría si Jesús viniera y muriese de la misma forma en un intervalo de tiempo de mil años?

Sin duda, quizás sería un holocausto interminable.
Entonces, ¿Cómo es que Nietzsche apoya lo inretornable y a la vez la repitición del pasado de la misma forma en un tiempo presente o de otra forma, en un futuro cercano?

Puedo afirmar, que lo único que entiendo; es la herejía, la blasfemia, el insulto a los valores Nietzscheanos al decir que:
"El ser humano no es sino Nada antes de que Es (nace), y Es para luego retornar a la Nada, y así sucesivamente..."
Me han de perdonar, pero su repentina visión Aristotélica de los hechos que recurre al viaje del alma, no me convence, y a ésto llamo:

"Campaña por un Nietzsche valorado"

Yo, la inmoral criticona de éste pobre nihilista, requiere orientación, porque la reflexión la ha llevado por el camino de la idiotez a tal punto de creerse digna de cuestionar a un maestro que comparado con mi existencia, es UNA MALDITA MIERDA.
Gracias.

martes, 13 de marzo de 2007

Psicoanálisis Regresivo

Quizás pueda existir algo de certeza, cuando sostengo que en la oscuridad yace el reflejo más puro de la conciencia; Es como un espejo que reproduce la imagen plasmada con pequeñas partículas de plata en una cinta cinematográfica, que influyen en la nitidez de los pensamientos y de la objetividad del auto análisis.
Sin embargo, hay algo que las tinieblas esconden y que no revelan sino al subconsciente. Es un momento: un instante prolongado, en el que las realidades se intercambian en la mente de los seres humanos. La noche, aquí, en los confines del mundo, trae consigo la oscuridad que induce al más profundo sueño... esos sueños continuos que proferían horrores dentro de mis pensamientos. Esos mismos que me llevaron al sillón de una psicoanalista, terapeuta, psicóloga, o casi una de las ayudas más grandes de mi vida.
Comprobé entonces la veracidad del provervio alemán Einmal Ist Keinmal (una vez no significa nada), puesto que la primera vez que vi esos tormentos en la noche no fueron más que una simple pesadilla, pero cuando comenzaron a ser recurrentes, creo que la salud mental llegó casi al borde del colapso.
Comienzo, desde el recuerdo más intrínseco, el relato de éste proceso.

Estoy en el ático de mi terapeuta. Las luces están bajas, más bien tenues. La voz de Alexandra Basich mantiene el volumen de la fuente de agua en miniatura en un rincón. Me encuentro recostada en un cojín inmenso que parece succionarme, muy cerca del suelo. Afuera se oye el reducido tráfico de la calle Membrillar. Ya es tarde, es de noche. Las paredes del ático de madera no deja entrar el frío.
"¿Quieres un cigarro?", me pregunta la terapeuta, extendiéndo la cajetilla de sus cigarrillos, y un encendedor negro.
"Bueno, gracias.", estoy dispuesta a sostener lo que ella me ofrece.
"Ahora, comienza desde lo que te resulta más dificil volver a relatar. Cierra los ojos. Entra en esa realidad perdida que te es fácil recuperar en el momento del sueño. Concéntrate y dime todo. Quienes te hablan y porqué te hablan. Mueres rápido o lento. No importa. Todo sirve". Alexandra se dispone a escuchar mientras cierro los ojos con un cigarrillo en la boca. Las imágenes llegan y se agolpan en mi mente. Necesito organizar, y hablarle al viento que escucha atento.
Comienzo.
"Hay hojas secas bajo mis pies, que crujen mientras camino. En cada paso que doy, un bosque extenso se ve más cerca, como si se tratara de una película que pasa rápidamente. Un tipo a lo lejos corta leña con una guadaña más grande que su propio cuerpo, y me llama. Entonces, me acerco, porque lo reconozco, creo que es mi padre o alguien que tiene mucha autoridad sobre mí. El bosque huele a hierba mojada, y el tipo que luce un tanto hostil, me dice que me quede y corte el resto de la leña esparcida sobre el suelo. El tipo se aleja arrastrando los pies hacia un lugar donde no quedaban más árboles.
Al sostener la guadaña en mis manos, me parecía muy liviana. La leña la posaba en mis pies dispuesta a dividir el pedazo de tronco en dos. Un corte transversal que no sería muy difil de hacer.
De pronto, cuando me dispongo a sersionar la madera, una víbora se enrosca en mi brazo, y el filo de la guadaña traspasa mis extremidades. La víbora se va reptando, y se adentra en el bosque, mientras en cada gota de sangre se va mi vida. Y cada vez se hace más difícil respirar. La muerte llega cuando mis párpados húmedos por las lágrimas regresan abruptamente a la realidad"
Frente a los recuerdos las emociones son las mismas...
Las lágrimas afloran.
Alexandra me ofrece otro cigarro cuando despierto.
Todo es igual.
Pero no sirvió de nada... nuevamente.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Flashforward (Lost meaning)

A long time ago, I saw a lonely pair of eyes gazing through a creeping darkness. I was just returning from a dream where everyone seemed to be claiming for something lost that could not ever be finded. It was like some sort of a soft torture which played with their burning desires... I just watched them ran into invisible and empty boxes. Maybe they thought that they could find a sign of hope inside them.
So I woke up with the image of their terrified faces and suddenly those eyes appeared. I recognized them inmediately: They were my own eyes reflected in the shadowless night. Nor a single ray of light could even burst in the deadly silence.
Those eyes glanced at my entire face, trying to get along with floating emotions. So a Flashforward came to me.
It was not a vision.
It was not a sign
Not a "sight setting"
Nor even a "Looking forward"
...A desire?
Deja Vu?
It was like a deep memory that hadn't happened yet, and a strong feeling stood right in front of lost remains.
Hand in hand I walked down the street with a man I did not know. The paving stones resounded on our foot, and a freezing breeze moved our hair.
What was that?
I lived in a far past with some scenes taken from a near future. How could I knew that it would be future?
I just felt it, and nothing left to say.
That is what I started to call "Flashforward", that could not be resolved at least when they were brought about by someone I never knew.
Doesn't matter now...
I think

viernes, 16 de febrero de 2007

Recuerdo Nº 7- El Pintor

La pintura de la esquina, se erigía ante mis ojos como una implacable coraza salpicada de emociones transformadas y mimetizadas en los colores impresionistas. Las mujeres vestidas de blanco que recogían ramas en medio de un páramo amarillo, se movían al compás de las ráfagas de viento que llevaba consigo las nubes pálidas de un día de verano. Los árboles sin embargo, no logran ser sacados de esa posición estática que otorga el pasar de los años y que no puede borrar siquiera el grito estruendoso de las tormentas en invierno. Era sin duda, la clase obrera europea de una época no muy distinta a esta.
No a mucha distancia, sentía la presencia de una mirada que se dirigía directo a una lágrima que se deslizaba suavemente por mi rostro hasta deshacerse instantáneamente con el impacto de la fría cerámica de esa galería de arte.
El tipo a lo lejos observaba mis movimientos, como si quisiera decir, inquirir o aportar algo que sin duda, no serviría de mucho. Era la segunda exposición que visitaba en el día: la primera había sido de fotografías un tanto sensacionalistas, si es que resulte válido calificarlas así, pero de igual manera servían como un refugio cálido.
"Aquí está la maldita mujer de acero, sintiendo cómo esas lágrimas congeladas intentan derretir esa coraza..."
Pienso ésto mientras observo una marea que cada vez parece ir creciendo. Puede que llegue el momento en que sea tan alta, que se lleve todo lo que hay a su alrededor.
"Cuánto desearía que mi vida culminara con la misma rapidez que se mueven esas aguas"
Unos pasos resuenan a lo largo de la estancia. Se acercan cautelosos; casi como si se tratara de palabras. Siento cómo intento de no prestar atención a la presencia inoportuna de aquel tipo, pero es en vano: sus dedos huesudos se posaron en mi hombro.
"¿Te gusta esa pintura?"
Pregunta el hombre con un acento argentino muy marcado, que tampoco parece esperar respuesta.
"Pienso que las personas que pintan algunos rasgos de la clase obrera son más bien engreídas, y lejos de mostrar algún tipo de comprensión o de apoyo a ésta, parece como si se lograra lo contrario: la superioridad que se siente estar en lo que llamo "el vaso medio lleno" de la sociedad. "
Mi semblante no cambiaba. El tipo era perturbador hasta en su modo de respirar. Sus dedos se despegaron inmediatamente al notar el tono de rechazo.
"¿Te gusta esa pintura?"
Repitió.
"¿Por qué me preguntas a mí si no tengo idea de pintura? Si, me gusta mucho aunque de nada sirva lo que diga. Me gusta observarla pero no se si está buena o mala. No sé si está bien el uso de técnicas o algo así"
Esbozó una sonriza sincera. Al parecer se trataba de su exposición, y el que la elogiara no le iba mal.
"Tenés cara de pintar también"
"¿Quién te dijo a ti que yo pintaba?"
Hizo un gesto de falsa modestia hacia sí mismo.
"Pinto desde que tenía siete años, y los chilenos que pintan son pocos creo. Tú tenés la cara de pintar."
El hombre me comenzaba a irritar. Quería enviarlo lejos de donde estaba. No quería que nadie se involucrara conmigo a esa altura del día.
"Si, pinto con la sangre de la gente que no me conoce y se cree con el derecho de clasificarme dentro de su diccionario de webadas fútiles y disfuncionales tal y como..."
"...A vos no te insulté"
"Disculpa"
Rompí a llorar. Exploté de la rabia conmigo misma, exploté de la tristeza que sentía por todos los sucesos ocurridos la noche anterior en los que me daba cuenta que todo el tiempo que había creído que estaba bien aprovechado, en realidad había sido malgastado al lado de algo inerte, sin vida. Tan frío que había logrado congelarme.
Salí corriendo, evitando las palabras que decía (y que no recuerdo). Miré hacia atrás justo cuando gritó algo y caí. Me dolía el tobillo.
El tipo llego hacia donde estaba y me tomó en brazos. Creo que en ese instante lo detestaba más que nunca. Porque era uruguayo (al final no era argentino), porque se metía en lo que no le interesaba, y porque... no sé porque.
Avanzó unos pasos y llegó a una puerta. Era la puerta de su estudio.
Ahí dentro habían cuadros hermosos, óleos botados, marcos de cuadros y paños con diluyente esparcidos a lo largo de la habitación. Me solté de él y me sente en una silla. El dolor del tobillo me apestaba. Quería salir de ahí lo más pronto posible.
"¿Te duele mucho el tobillo?"
"...Me gustan mucho tus pinturas. Prefiero las que están aquí. Me quiero ir."
El pintor se daba vueltas por la sala. Como si pensara qué era lo que debía hacer. Bajó la mirada de súbito.
"Sacáte ese zapato que tenés el tobillo hinchado."
"Que se pudra la webada. ¿Puedo irme ya?"
Intenté ponerme de pie, pero no pude. Pensé que oiría o vería una mueca de triunfo en ese tipo, pero no fue así. Se arrodillo y me torció el pie hasta que grité de dolor.
"Imbécil, me dolía menos antes."
"Calláte que ahora estará mucho mejor."
Y así fue. Luego de quince minutos logré sostenerme para salir sin decir ni una palabra sobre lo que había sucedido. No quería ser el objeto de burlas de nada ni nadie. El pintor, que tenía veintiseis años me llevó hasta la salida, aunque no se lo hubiera pedido.
"Podés llevarte una pintura: la que querás."
"No gracias, intentaré olvidar éste día y creo que una pintura tuya de esas que "Impresionan", podría recordarme mucho más la tarde que pasé con el pintor argentino arrogante."
"Soy uruguayo."
"Como sea, hablan igual. Capaz hasta son iguales."
"Hace bien llorar, sabés. Intentaré tener cuadros mejores si vuelves por aquí alguna vez."
Mi mirada no se despegaba del suelo. Eran casi las nueve de la noche, en el mes de septiembre. Estaba oscuro.
"No creo... que eso suceda. Adiós."
Y me fuí a mi casa caminando. Y ahora me doi cuenta que de haber tenido o no su pintura, al pintor lo recuerdo sin la necesidad de ella.

lunes, 12 de febrero de 2007

Recuerdo Nº 6 -La Ahorcada


Las manos que salían del aire para acariciar el semblante de todos los que vivían en la casa maldita, volvieron a adentrarse en la densa oscuridad que rodeaba sus viejos cimientos. El terror de dormir una noche más ahí se había quedado estancado en los rincones; bajo la escalera y dentro de los armarios. Un año tardó en llegar el día en el que cruzaríamos el umbral de la puerta para nunca volver a enfrentar fuerzas más poderosas que la voluntad que poníamos en evitar sugestiones y hacer del día algo "normal".
La Vieja, continuó maldiciendo durante toda su estadía, a un espectro que la vigilaba de cerca y que trataba de asustarla.
"Viejo imbécil, ésta casa no es mía así que no me jodas a mi."
Mientras cocinaba solía gritarle al aire nuestros nombres, porque pensaba que alguno de mis hermanos pretendía gastarle una broma. Los cigarros pasaban rápidamente en intervalos cada vez más reducidos. Creo que la Vieja no perdía el tiempo en tener miedo: prefería ocuparlo en insultar a la invisibilidad y en cuidar de mi madre.
Había pasado poco tiempo desde que al llegar del colegio, me encontré con cinco personas que sellaban todos los espejos y las puertas en donde era capaz de existir un reflejo. Mi madre lloraba frenéticamente sin decir nada a nadie. Repetía para si que no soportaría un día más en la casa y si no nos ibamos de ahí, acabaría quitándose la vida. No era muy difícil comprender qué era lo que sucedía, por que a juzgar por la apariencia que tenían todos, resultaba obvio que algo había acontecido pero no podían siquiera hablarlo.
Mi espalda estaba débil aun después de la intervención quirúrgica que realizaron los médicos luego de estar en cama durante casi un mes en casa de mi abuela. No esperaban que pudiese sanarme si me quedaba en ese lugar, aunque nadíe fundamentaba desiciones en aquel momento. Al parecer actuaban guiados por el miedo y la angustia de que su destino dependiese estrechamente de la voluntad de "eso que nadie veía", pero sí sentía.
Cuando no quedó espejo ni puerta por sellar, mis padres decidieron marcharse de ahí cuanto antes. En lo posible el fin de semana sin importar el costo o las dificultades que hubiese que sortear para lograrlo. Era una desición irrebatible, que increíblemente, nadie estaba preocupado de rebatir.
Entonces llegó el día en que las cosas una a una salían de la casa y eran acomodadas en un camión. Aún continuaba algo inútil, porque no podía con muebles demasiado pesados para llevarlos, pero no era nada comparado con las ansias de salir de ahí. Todos estaban demasiado atareados y empujados por su propia voluntad para terminar luego con la prolongada tortura.
La Vieja descansaba en una silla en el comedor, así que me situé junto a ella para hablar cualquier cosa que mantuviera mi cabeza en otro lado.
"Bueno Vieja... cada vez queda menos..."
Un golpe seco interrumpió mis palabras. La señora que había aparecido hace unos meses volvía, y parecía muy alegre. Había entrado por la puerta trasera sin previo aviso, golpeado la puerta y ahora se dirigía hacia el comedor, donde estabamos sentadas.
"Disculpen, pero hay algo que me faltó decir la otra vez que pasé por aquí"
Soltó una risa maliciosa, quizás un tanto forzada para la situación.
"Jovencita, ¿Cuántas veces la viste?"
Se dirigía con cierta ironía, pretendiendo saber que entendía qué era lo que quería decir.
"¿Ver a quién? Veo a muchas personas todos los días y con usted me basta. No entiendo cuál es el motivo por el que usted viene a decir lo que yo y mi familia tenemos que hacer. "
Esbozó una sonriza chueca, con dientes amarillentos y gastados.
"Sabes perfectamente, que me refiero a la mujer que se colgó en la escalera..."
Hizo una pausa que enseñó el rasguido de un mueble sobre el piso.
"...que llevaba a tu habitación. Era la empleada de los dueños de ésta casa, y un tanto apática, te diré."
La señora se dio la media vuelta, y no la volvimos a ver nunca más. Una vez más el escalofrío remeció mi cuerpo, pero al menos estaba segura. Desde ese momento entendí todo, y a la vez lo deseché y como dije, prometí olvidar lo que ahora recuerdo con vivas imágenes en mi mente